La compañía Ukumbi Teatro representa durante el mes de noviembre esta divertida obra en la Sala Tarambana, un foco de cultura que, desde hace ya bastantes años alumbra el distrito de Carabanchel. Loable la labor de este teatro al acercar a sus vecinos propuestas tan interesantes como ésta y loable el gran trabajo de esta compañía de intérpretes formados en la escuela de Mar Navarro, que nos hicieron disfrutar de lo lindo. La obra transcurre a ritmo trepidante, tejiendo la trama con punto de comedia y agujas de novela negra, resultando el tejido que urden sus protagonistas un estampado con colores estilo Agatha Christie o Georges Simenon. Eso sí, con pespuntes de Jardiel Poncela, para no ponerse demasiado serios. Y es que durante la hora y cuarto que dura el espectáculo, la risa del público acompaña al elenco en el desenredo del misterio, un asesinato para el que los sospechosos de haberlo cometido tendrían un mismo móvil: todos figuran como herederos de la fortuna del fallecido.
Tres actrices y un actor se desdoblan para dar vida a todos los personajes de esta alocada historia, y lo hacen desplegando un gran trabajo gestual y corporal, que sorprende constantemente con cambios y giros contínuos. Se nota que hay muchas horas de ensayo detrás del espectáculo ofrecido y gran compenetración en el grupo, que firma la autoría de "El caso Montenegro" de manera colectiva, consiguiendo un resultado que puede gustar a todo tipo de públicos. Eso sí, realizado con un nivel muy alto de exigencia y que, esperemos, pueda verse en muchos escenarios más.
http://teatroukumbi.wixsite.com/teatroukumbi
http://www.tarambana.net/
A punto de terminar el verano, la nueva temporada teatral ya está en marcha. Pero antes de encontrarnos con nuevos estrenos y programaciones, la cartelera todavía presenta espectáculos que nos han acompañado durante los meses estivales. Tradicionalmente, agosto en Madrid ha sido un páramo teatral, pero a mi vuelta a esta ciudad he descubierto que no eran pocas las propuestas escénicas para disfrutar durante ese mes. Al margen de motivos coyunturales que expliquen tal estado de las cosas, es motivo de alegría ver cómo los teatros y las compañías siguen apostando por ofrecernos su trabajo, su esfuerzo, su arte.
Es el caso de "Los desvaríos del veraneo", producción de la compañía Venezia Teatro que el grupo Smedia nos ha ofrecido durante los últimos dos meses en el Teatro Infanta Isabel. El texto de Carlo Goldoni, aquel veneciano que en el siglo XVIII avanzó desde el canovaccio a la escritura de afiladas comedias, se adapta como anillo al dedo a la canícula particular de nuestra sociedad actual. Y es que la mirada crítica de Goldoni hacia sus coetáneos se mantiene en la versión que podemos ver sobre este escenario de la calle Barquillo. Con la actualización del texto y guiños al tiempo presente (en mi opinión todavía se podría haber incidido más en este punto), la obra avanza durante dos horas como un reflejo de las hipocresías de hoy en día. Las disputas para gozar del veraneo más ostentoso entre dos familias, donde todo es apariencia y pose, divierten al público de lo lindo sin dejar de mostrarnos nuestra propia ridiculez.
Este es el gran acierto de esta comedia, sustentada por un gran elenco y con puesta en escena sencilla pero efectiva, donde el ritmo nunca decae y el interés por la trama nunca desaparece. A nivel técnico quizás, en algún momento alguno de los personajes sea demasiado histriónico y el texto, a veces, sea demasiado gritado. Pero nada de esto entorpece el disfrute de esta enredada comedia.
Como contrapunto, una escena final donde el amor, el verdadero, nos hace transitar de la carcajada a una sonrisa tierna.
Ayer domingo disfruté de la exposición antológica que la Fundación Telefónica, en su sede de la madrileña Gran Vía, dedica a Joaquín Torres García. Uno de los grandes nombres de las vanguardias artísticas en las primeras décadas del siglo veinte, que supo trascender la proyección regional europea de su lenguaje para transformarlo en universal y atemporal. Y aunque no podemos ligar su nombre con las artes escénicas, contenido principal de este blog, encontré estas palabras suyas que suscribo y, a continuación, transcribo:
"El mundo, tomado en serio, es antiartístico. Y triste. El arte debe (entre otras cosas) aportar alegría al mundo. ¡Sed extravagantes! ¡Jugad! Haced las cosas al revés, podéis, sois libres de hacerlo (de algún modo). Imitad a los niños. La poesía y el arte: excentricidad -libertad- juego. Nunca dejéis de ser niños."
Joaquín Torres García, Hechos, vol. 2 (1922)
Esta llamada al juego y a no perder el niño interior que todos, en mayor o menor medida, llevamos dentro es algo que todos los intérpretes conocemos y no deberíamos nunca olvidar.
Hoy, 20 de junio, se celebra el "Día Mundial del Refugiado". Aunque el verbo celebrar, por desgracia, no sea el más adecuado en este caso, como sucede con otras muchas causas que también tienen su propio "Día Mundial". Es una autentica tragedia la que viven millones de personas en este planeta, al tener que abandonar sus hogares en contra de su propia voluntad, debido a múltiples causas: guerras, hambrunas, persecución por motivos políticos o de orientación sexual, etc. Millones de desplazados, millones de historias personales de sufrimiento y dolor. Personalmente, esta es una de las realidades del presente que más me afecta. Mis dos últimos viajes al extranjero han sido, precisamente, a Atenas y a Estambul, y debo reconocer mis propias contradicciones y los sentimientos encontrados que sentí sabiendo que, al mismo tiempo que disfrutaba como turista, a pocos kilómetros la gente luchaba por su vida en unas condiciones dantescas. El puerto del Pireo, las costas turcas del Egeo, escenarios de una gran tragedia en la que ningún coro nos ayuda a comprender por qué el destino puede ser tan cruel.
He recordado estos días un espectáculo que vi el pasado otoño en el festival Temporada Alta de Girona. Se trata de "W. W. (We Women)" de la compañía Sol Picó. En el mismo se reflejaba la situación de la mujer en diferentes partes del mundo, con la particularidad de que la acción se desarrollaba en un campo de refugiados. El trabajo resultó conmovedor en más de un momento, no falto del componente de denuncia que el tema exige, y siempre lleno de una fuerza y una poesía que las intérpretes (bailarinas y músicas) imprimían a una historia bella y brutal. En el video podéis haceros una pequeña idea de lo que os hablo.
También hace un par de semanas asistí a un acto en el que activistas que han trabajado en la asistencia a refugiados (en el Pireo, en Lesbos...) relataron su labor y muchos datos y realidades que los medios de comunicación ocultan sistemáticamente. Como introducción a este encuentro se leyó el poema titulado "Home", de la poetisa Warsan Shire, nacida en Kenia de origen somalí y emigrada a Londres. Estos versos ilustran perfectamente lo terrible de un viaje incierto y me parece pertinente darlo a conocer en esta entrada. A continuación transcribo el poema (traducción de Javier Izquierdo Reyes), cuyos versos son un golpe directo a nuestro corazón y a nuestra conciencia.
Hogar
nadie abandona su hogar a menos que
el hogar sea la boca de un tiburón
sólo corres hacia la frontera
cuando ves a toda la ciudad corriendo también
tus vecinos corriendo más rápido que tú
aliento sanguinolento en sus gargantas
el chico con el que fuiste a la escuela
el que te besó tontamente tras la antigua fábrica de latas
está sosteniendo un arma más grande que su cuerpo
sólo abandonas tu hogar
cuando el hogar no te permite quedarte.
nadie abandona su hogar a menos que el hogar te persiga
fuego bajo los pies
sangre caliente en tu vientre
no es algo que hayas pensado hacer
hasta que el filo gastado amenaza
tu cuello
y aun entonces cargaste el himno bajo
tu aliento
sólo rasgando tu pasaporte en unos baños de aeropuerto
sollozando con cada bocado de papel
te queda claro que no podrías regresar.
tienes que entender,
que nadie pone a sus hijos en un barco
a menos que el agua sea más segura que la tierra
nadie quema las palmas de sus manos
bajo trenes
debajo de carrocerías
nadie pasa días y noches en el estómago de un camión
alimentándose de periódicos a menos que las millas recorridas
signifiquen algo más que el trayecto.
nadie se arrastra bajo vallas
nadie quiere ser golpeado
escupido
nadie escoge campos de refugiados
o registros al desnudo donde tu cuerpo
se queda dolorido
o la prisión,
porque la prisión es más segura
que una ciudad de fuego
y un guarda de la prisión
en la noche
es mejor que un camión repleto
de hombres que se parecen a tu padre
nadie puede soportarlo
nadie puede digerirlo
ninguna piel sería lo suficientemente dura
el
váyanse a casa negros
refugiados
sucios inmigrantes
solicitantes de asilo
dejando secos nuestros países
negratas con sus manos mendigas
huelen raro
salvajes
arruinaron sus países y ahora quieren
arruinar el nuestro
cómo hacen las palabras
las miradas sucias ruedan sobre tus espaldas
quizás porque el golpe es más suave
que un miembro cortado
o las palabras son más tiernas
que los catorce hombres entre
tus piernas
o los insultos son más fáciles
de tragar
que el escombro
que el hueso
que el cuerpo de tu hijo
en pedazos. quiero ir a mi hogar,
pero mi hogar es la boca de un tiburón
hogar es el cañón de la pistola
y nadie abandonaría su hogar
a menos que el hogar te persiguiese hasta la orilla
a menos que el hogar te diga
que aceleres tus piernas
dejes tu ropa atrás
te arrastres por el desierto
atravieses los océanos
te ahogues
te salves
estés hambriento
mendigues
olvida el orgullo
tu supervivencia es más importante
nadie abandona el hogar hasta que el hogar es una voz sudorosa en tu oído
diciendo –
ve,
corre lejos de mí ahora no sé en qué me he convertido
La historia de amor de dos parejas, Gaby y Olivia, Jaime y Manu, se desliza por el escenario de Nave 73 en tiempo pasado. En pretérito imperfecto para ser precisos. A ritmo de monólogos con cadencia de piano impresionista. La voz de cada personaje se entrelaza con la del resto, confluyendo en un diálogo construído con emociones que todos hemos conocido. El texto de John Hamilton May pareciera haber sido escrito directamente en castellano, por la cercanía que los intérpretes nos hacen sentir en cada palabra; justo premio, entonces, el recibido por Pat Aguiló por su traducción (premio Eurodram 2015 a la mejor obra europea traducida al español).
La puesta en escena a cargo de David Bueno, autor también de la música original del espectáculo, se destaca en su limpieza y en el acierto de coreografiar unos sentimientos basándose, principalmente, en el trabajo actoral de un elenco que transmite verdad en cada frase. El amor, las dudas, la alegría, el dolor, la excitación... Todo se va precipitando, casi sin que nos demos cuenta, hacia un final que nos engancha por su intensidad tanto de fondo como de forma. Y en este último momento, esa escenografía presente durante toda la obra, se llena de sentido y al entenderlo todo el corazón se nos encoge. Como en la buena pintura barroca, la imagen que tenemos ante nosotros incrusta el claroscuro en nuestra retina, y nos acompañará durante mucho tiempo cuando salgamos del teatro. No desvelaré más. La vida y el amor son imprevisibles; y desde aquí recomiendo dejarse sorprender por toda la vida y todo el amor que "Pretérito imperfecto" contiene.
El pasado domingo, la compañía Títere Teatro Urgente, TITUR, nos deleitó con el estreno de su última producción: Los miedos de Anita. La obra de Concha Párraga (dramaturga del grupo, además de actriz y titiritera) resultó ganadora en el Certamen de Textos Teatrales dirigidos a público infantil organizado por la Escuela Navarra de Teatro (Pamplona) en su edición de 2013. Aquel premio llevó consigo la producción de la obra por parte del centro pamplonés, que pudimos disfrutar en su escenario aquellas navidades. Ahora, la compañía TITUR, pone en pie el texto con su habitual lenguaje en el que se entremezclan títeres y actores, enmarcado en la programación del Ciclo Creativas Mujeres Creadoras, de la madrileña sala Montacargas.
Anita es una niña enfrentada a sus miedos, agudizados desde que perdió a su madre. Tiene pesadillas y teme separarse de su padre. Así que, para no despegarse de él, que es arqueólogo, le acompaña en una expedición a las pirámides de Egipto. A partir de aquí, la aventura que envuelve a los personajes arrastra al público entre risas y emociones, y la obra se demuestra llena de sorpresas en una puesta en escena rica y precisa. El ritmo de la acción dramática nunca decae y hasta las transiciones en los cambios de espacio se convierten en pequeñas coreografías que se integran dentro de ella. A esto ayuda mucho, también, la música en directo a cargo de Lurdes Muñoz y Carmela Luna, que añade un atractivo más al espectáculo.
Las interpretaciones del elenco son también muy reseñables. Paulo Alexandre, también director de la obra, ajusta muy bien el equilibrio entre la ternura del padre y lo desbordado que se encuentra por la situación en que se ve metido; Concha Párraga, que interpreta a diferentes personajes, nos muestra su ya conocido arte en la manipulación de títeres junto a una vena cómica como actriz que culmina en un granfunky egipcio; y Rosa Rocha da vida a Anita, aportando preciosos matices entre la sensibilidad y la fuerza de esta niña, con una delicadeza que, cuando es necesario, sabe convertirse también en juego gamberro.
En definitiva, una obra con la que disfrutarán igual pequeños y mayores, divertida, sensible y que engancha. Y que nos enseña, por medio de Anita, que miedos los tenemos todos y que todos podemos encontrar el valor necesario para enfrentarnos a ellos.
No tuve oportunidad de ver esta descarnada obra hasta ahora, por lo que me alegró saber que, a mi llegada a Madrid, se había programado en el Teatro Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa. La Companya Arcàdia representa sobre el escenario el momento en que dos hermanos, Ruth y Jacob, reciben la noticia de la muerte de su padre. A partir de este desencadenante, la obra nos muestra a unos personajes que, durante un día y medio, tratarán de entenderse entre ellos, entenderse a sí mismos y tratar de encajar sentimientos y pulsaciones que son incapaces de expresar. Existe un tercer hermano, Abel, al que se alude como única persona de la familia que ha sabido prosperar y adaptarse a esta sociedad competitiva que nos ha tocado vivir. Sin embargo, al hermano perfecto no lo vemos, en escena sólo están los perdedores. De las resonancias bíblicas (Abel, el hijo perfecto; Jacob, el mentiroso enfrentado al primogénito) escapa Alba, pareja de Abel, que acompaña a Ruth y Jacob en este duelo. Duelo entendido tanto en su acepción de combate, como en la de aflicción y dolor. El galardonado texto de Llàtzer García enfrenta a estos personajes hasta el límite, donde las barreras de amistad y parentesco parecen desaparecer. La interpretación de Marta Aran, Laura López y Guillem Motos resulta muy convincente, pese a lo visceral y extremo de alguna situación a lo largo de la obra (lo de los trofeos de atletismo no termina de ser creíble) y defienden un texto que convierten en palabras sinceras de alto voltaje emocional.
La música compuesta para el espectáculo por The New Raemon, aporta el contrapunto de serenidad por medio de sus melancólicas canciones, banda sonora para unos personajes que a pesar del daño que la vida les hizo, admitiendo su debilidad se hacen fuertes para continuar peleando.
La pasada semana se estrenó, en la madrileña sala Cuarta Pared, este espectáculo de La Romería Producciones interpretado en cuerpo y alma por María Miguel. Coincidí con esta gran actriz, hace ya unos cuantos años, en un curso impartido por Laila Ripoll sobre textos de Lope de Vega. En aquellas clases tuve la gran suerte de poderle ver trabajar de cerca, la fuerza y la verdad que desprendía todavía perviven en mi recuerdo. Y ahora es eso mismo lo que el público madrileño puede disfrutar (y espero que, pronto, el de muchos otros lugares). Un montaje defendido desde la pura interpretación, donde la barrera entre Greta y el público se diluye continuamente y el aparente monólogo se convierte realmente en un diálogo sobre el tema eterno. Greta, ese personaje golpeado por el desamor, pero que no permite ser derribado. El amor y el odio, la manzana de la discordia aquí convertida en melón y que, para poder seguir avanzando, es necesario abrir, aunque sea lanzándolo contra un muro.
El espectáculo va ganando conforme transcurre el recorrido que nos invitan a realizar. Tras un comienzo que a mí me pareció un poco titubeante, pasando sobre lugares comunes que no terminan de tener peso propio, a partir de un cierto punto todo empieza a despegar y se van sucediendo una serie de cuadros que te enganchan hasta el desenlace final. Y lo hace de igual modo en la sonrisa, el público ríe junto a Greta en más de una ocasión, como en el llanto, agarrándote el alma con ese dolor que la mayoría de mortales hemos transitado. A partir de una escena muy bien escrita sobre una celebración navideña, todo gana ritmo y se suceden a partir de entonces imágenes, palabras, sentimientos, que acaban en un emocionado aplauso final.
Greta quiso ser bailarina, y María le ayuda a recordarlo, un trabajo corporal exigente que la actriz nos regala junto a la acertada selección musical del espectáculo. Como esa "Estoy bailando" que tan bien define al personaje: "Estoy bailando/ con dientes y uñas yo me defiendo/ Y el corazón me late al ritmo de la música..."
En definitiva, un gran trabajo al que le deseo largo recorrido, hecho desde el corazón y que nos obliga a reflexionar sobre el amor y lo que en nuestra vida significa.
En este video podéis ver una promo de Saba, la coreografía que nombraba en la entrada anterior. Siempre he pensado que me encantaría ser programador para poder contratar propuestas como ésta. Os dejo a continuación el enlace de la distribuidora que lleva a la Compañía Lali Ayguadé, donde podéis obtener información interesante sobre otros montajes tanto de este grupo como de otros.
Tarde de danza contemporánea ayer domingo en el teatro La Gorga, de Palamós. La compañía residente CobosMika continúa con la encomiable labor de construirse una sólida trayectoria, tanto en su vertiente como escuela como en la de grupo profesional, confirmada con su presencia en muchos escenarios europeos. En esta ocasión estrenaban dos piezas de distinto cariz, aunque con nexos de unión bastante claros entre ellas, que nos brindaron un conjunto global muy disfrutable.
En primer lugar asistimos al resultado del trabajo que Lali Ayguadé, bailarina y coreógrafa con un gran bagage ya a sus espaldas, ha realizado con los alumnos profesionales de la compañía. Saba Seed's parte de un duo que la barcelonesa creó con su propia compañía. Y trasladar el concepto que había desarrollado para dos bailarines a un grupo de dieciocho personas en el escenario tiene su mérito. Una pieza en la que no todo es tan evidente como parece. A mí, por ejemplo, me se me vinieron a la cabeza los hombres grises de Momo, y cómo no es necesario ser Josef K para verte involucrado en El Proceso. Pero cada uno puede sacar su propia interpretación y sus conclusiones, que en mi caso fueron alusivas al control del sistema sobre el individuo. Muy buen trabajo, en cualquier caso, de las bailarinas (eran todas chicas, excepto un chico), que nos transmitieron la fuerza de esta pieza con una gran solvencia.
A continuación vino la segunda coreografía del programa, One to another, con Peter Mika y Diego Sinniger sobre el escenario. Ya el comienzo se envuelve de misterio, con un bailarín frente al otro y teniendo la sensación de que los dos son el mismo. Como si fuera el juego del espejo, parece que cada personaje tuviera delante de sí, a sí mismo. Un juego de búsqueda, de conflicto, de encuentros y desencuentros. Una cuerda, utilizada con recursos sencillos pero muy eficaces, marca el territorio donde la lucha se desarrolla. Un diseño de luces muy acertado rodea la acción enmarcándola en un punto suspendido del tiempo. La calidad de movimiento, la presencia escénica tan potente de los bailarines, la música que acentúa sus acciones, nos presentan a dos hombres que parecen uno solo. Y al final, esa simbiosis se produce, con una imagen final mientras se hace el oscuro, que impacta por su fuerza y su simbolismo.
Gran trabajo, en resumen, el de la Compañía CobosMika a la que sólo queda felicitar por su propuesta y animarles a continuar adelante.
Hace pocos días fue noticia la entrega de los premios Oscar, que tanto eco produce, ya sea por motivos estrictamente cinematográficos como por otros más ajenos al séptimo arte, como el robo del Calvin Klein forrado de perlas... Resaltaron las crónicas al día siguiente de la gala, además de citar los principales premiados, el carácter reivindicativo que varios de los galardonados esgrimieron al recoger la preciada estatuilla. Y aunque en este blog me ciño, sobre todo, a las artes escénicas y no me refiero habitualmente a temas cinéfilos (aunque un servidor sienta amor verdadero por este lenguaje, que hace realidad los sueños en la gran pantalla), esta consideración sobre el discurso público que un intérprete, actor o actriz, comediantes todos, pueda desarrollar ante los medios, sí me parece merecedora de análisis.
Poco antes de los Oscar, se entregaron los premios de nuestro cine patrio, los Goya. En tertulias que abordaban el tema durante esos días, más de un periodista criticaba la tendencia de algunos actores a utilizar el escaparate que pueda suponer una entrega de premios, para lanzar discursos de denuncia, criticar lo que consideren oportuno o apuntar con el dedo a los que crean responsables de problemáticas específicas de su sector o de otros sectores que afectan a la sociedad española. Se habló también de una especie de autocensura en la gala de este año, para aplauso de los tertulianos que citaba anteriormente, además de la explícita que conlleva el contrato que la Academia obliga a firmar a los actores encargados de entregar los premios: Carlos Areces se negó a firmarlo y se quedó fuera de la gala.
Pero ahora resulta que los actores que recogían los premios de la academia estadounidense critican una serie de realidades y, los mismos medios que desaprueban esa actitud en los actores españoles, dan el visto bueno a las estrellas de Hollywood. ¿Me pueden decir qué diferencia existe entre reclamar atención y medios para los enfermos de ELA o Alzheimer o para los afectados en España por la hepatitis C, siendo todos necesarios? ¿Tiene más autoridad la voz de Julianne Moore que la de una actriz española? ¿Es lícito que Patricia Arquette denuncie la discriminación entre hombres y mujeres en el sector -que la hay- y que aquí no pueda criticarse la vergonzosa política cultural de nuestro gobierno? Desde luego, a los que retiraban el libre derecho de los actores a expresarse por comparación con los colegas estadounidenses, el argumento ya no les vale. De hecho, siempre ha habido intérpretes en Estados Unidos muy comprometidos con diversas causas, siendo esto algo totalmente natural.
El "no a la guerra" que tristemente tuvimos que gritar ante la implicación de nuestro país en la guerra de Irak, fue también coreado por artistas norteamericanos como Susan Sarandon, entre otros muchos. La cuestión es que, si consideramos la profesión como un modo de arte, resulta totalmente contranatural pedir a estos artistas que se queden callados. Un actor, un artista, desarrollará si realmente está implicado con su arte, una sensibilidad propia, un criterio propio, un modo de ver el mundo propio. Y eso es, precisamente, lo contrario de permanecer pasivo, de dejarse llevar por las conveniencias y de no expulsar lo que uno lleva dentro. Podremos decir que hay muchas maneras de decir las cosas, cierto; podremos asegurar que no es necesario insultar para critcar, por supuesto; podremos, incluso, pedir que en las galas se realice la crítica de modo conciso para no alargar la fiesta hasta las cuatro interminables horas que aburren a cualquiera... Pero lo que es seguro es que un intérprete ha de ser, sí o sí, crítico. ¿Cómo construir, si no, un personaje? ¿Cómo dotarlo de credibilidad entonces?
En el fondo, eso es lo que molesta. Que halla ciudadanos críticos. Ya sean actores o fontaneros, cantantes o ingenieros, escritores o cocineros. Y que los actores, los comediantes, hallamos sido un elemento incómodo, no es casual. En toda la historia de la literatura dramática encontramos la réplica crítica al discurso ofcial, la denuncia del poder desmedido, la sátira del mediocre en su poltrona. Intentar alargar más la tradición del cómico de la legua, alejarnos del ágora, querer amordazarnos es inútil. Hay múltiples formas de hacerlo, lo sabemos, desde el drama o la comedia, el musical, la performance, con títeres o con textos clásicos... pero siempre los actores han hablado de su tiempo y creo que es su obligación que una alfombra roja no sea, sólo, un desfile de alta costura.
Como suele ser habitual, la última obra de teatro que vi antes de que acabara el año, fue el indispensable cuento de Navidad de la Escuela Navarra de Teatro (ENT). Una cita obligada en el ocio navideño de la capital navarra. Como siempre, acudí el 26 de diciembre, día del estreno, y supuso también un encuentro con muy buenos recuerdos. Me viene a la mente la experiencia que pude disfrutar, siendo alumno hace muchos años, sobre esas mismas tablas; poner en pie, junto a compañeros y profesores, el texto ganador del certamen que la misma Escuela organiza, y representarlo en el escenario durante las fiestas.
La obra ganadora de la última convocatoria, y que pudimos ver estas navidades, lleva por título Auzolan, de la autora pamplonesa Naiara Sánchez. Los encargados de darle vida, los alumnos de segundo curso, un elenco estupendo dirigido por Ramón Vidal. La verdad es que me lo pasé muy bien con la función. Una historia en la que un grupo de amigos rememora una vieja aventura del colegio, en la que, para salir de un buen embrollo, aprenden el valor del trabajo y el esfuerzo en equipo. Creo que el mensaje que encierra la obra es muy adecuado para los niños de hoy en día, ya que el individualismo y el egoismo me parecen cuestiones muy preocupantes de la sociedad actual. Asistí a la representación con unos amigos, acompañados de sus hijos, de entre 4 y 9 años de edad, y todos los peques estuvieron en todo momento enganchados a la historia. Y lo cierto es que el grupo actoral nos hizo pasar una tarde muy divertida. Me encantó ver el nivel tan bueno de los intérpretes, lo bien que defendía cada uno su personaje, y cómo nos hacían meternos dentro de ese aula tan bien recreada por medio de una escenografía muy imaginativa desde su sencillez.
En el descanso de la función, el tradicional chocolate con bizcochos que la Escuela siempre ofrece. Y, al terminar, la felicidad que uno se lleva puesta tras asistir a la fiesta del teatro. Una fiesta que los profesionales de la ENT, llevan casi treinta años defendiendo con su trabajo y su esfuerzo. Nunca se valorará lo suficiente, la gran cantera de actores y grupos que ha sido y es la Escuela, la cantidad de proyectos surgidos desde la calle San Agustín, la aportación de este centro a la vida teatral de Pamplona y del resto de la comunidad.
Yo el año que viene volveré a repetir, y espero que muchos más. Seguiré disfrutando de este auzolan que es el teatro y que tan bien se nos muestra en propuestas como esta.
En muchas ocasiones, lo que un actor da a cámara condiciona los
papeles que éste pueda desarrollar en el medio audiovisual. Y la verdad
es que todos podemos pensar en actores o actrices que se ven
encasillados en determinados roles, pero que, ciertamente, la imagen que
dan a cámara es la que se busca para ese tipo de personajes. Obviamente
también conocemos todos a intérpretes camaleónicos que se mueven de
igual manera en la comedia o en el drama, y que metiéndose en la piel de
un psicópata nos los creemos tanto como encarnando a un bonachón
inocente.
Así que, sin querer justificar en modo alguno mis más que seguras
carencias actorales, faltaría más, debo admitir que casi siempre que me
han llamado para trabajar delante de una cámara, ha sido para hacer de
pánfilo. Pues sí, eso es lo que la cámara saca de mí; seguramente mi
personalidad, su organicidad y su expresión hacia el exterior tenga
muchos más matices, pero debo aceptar que para ella, para la cámara,
sólo soy eso, un pánfilo. Acato esta realidad que encuentro hasta
divertida, y ya puestos a encasillarme a mí mismo, me hace gracia
imaginar que pudiera incluso compartir cajón con intérpretes cuyo
trabajo respeto y admiro. Pienso, por ejemplo, en Gabino Diego, perfecto
rey pasmado.
Ahora que se acercan las navidades, he recordado un spot en el que
participé, cómo no, haciendo de pánfilo: Lotería del Niño, año 2008. Mi
intervención, como veréis, es apenas de tres segundos. Muchos compañeros
sabemos, después de chuparnos cientos de cástings que, al margen de
cómo actúes, si tienes algún número para que te toque la lotería que
supone muchas veces este mundillo es porque tu cara, tu físico, tu
rostro, encaja justo con el que imaginaban los creativos o el director
del anuncio. Así que, una vez más, me escogieron para interpretar a un
pánfilo.
Lo mejor de todo fue que el spot lo dirigió Fernando Colomo, y tener
la oportunidad de trabajar con él, aunque fuera en algo tan pequeñito,
sí que supuso un premio. La tranquilidad que transmitía en el rodaje se
agradeció mucho, se notaba que es un director de larga trayectoria y con
la templanza que otorga la experiencia. Terminamos de grabar al
mediodía y nos invitaron a quedarnos a comer allí mismo, en las mesas
que habían preparado los de cátering en la misma casa donde rodamos. Me
senté junto a mi compañero de escena, y Colomo se colocó junto a
nosotros. Compartimos juntos aquel almuerzo, hablando de la profesión y
de otros temas ajenos a ella, y siempre recordaré la amabilidad y
simpatía de este hombre.
Pequeños recuerdos como éste ayudan a componer el mosaico que vamos
formando con nuestra vida, anécdotas que conforman la razón por la que
un día decidimos dedicarnos a este noble oficio.
Hace ya diez años que hice este trabajo de publicidad. Cosas de la tele y
de las campañas comerciales, se recupera ahora y vuelven a emitir este
anuncio, coprotagonizado con este niño tan salado. El anuncio me resulta
simpático, y la verdad, ¡es que estoy igualito, ja, ja!
En el Teatro Municipal de Palafrugell y dentro de la programación del Festival Í-taca, nos visitó Alberto San Juan, con este trabajo escrito, dirigido e interpretado por él mismo. Parece que los sucesos que estamos viviendo últimamente se alinean a la par que el espectáculo y, así, a los dos días de ver sobre el escenario como el actor desmenuza nuestro presente monárquico parlamentario, se hacía oficial la abdicación del campechano que ha ocupado la jefatura de estado en nuestro particular juego de tronos durante cuatro décadas. Continuamente tiene uno la sensación, sobre todo en los últimos años, desde que el crack de Lehman Brothers hizo que algunos se apresuraran a anunciar el fin del capitalismo (su refundación, puntualizaba Sarkozy, alias el pequeño Nicolás), de estar viviendo hechos históricos que sobrepasan la capacidad de cualquier dramaturgo para imaginar intrigas o revoluciones.
San Juan echa la vista hacia atrás buscando de dónde vienen estos lodos, pero en una acertada elección escénica, más que respuestas nos ofrece preguntas. Esta es una característica, no ya del teatro, sino del arte en general, que a mi modo de ver nunca debería faltar para hacer interesante cualquier propuesta. Ya sea a través del recuerdo personal (genial la anécdota que le cuenta su amigo Margallo), o por medio de la cita histórica literal (el juramento de Juancar garantizando la continuación de los pilares en los que se apoya el Régimen, el del tío Paco) Alberto San Juan realiza un trabajo notable en el que se cuestiona hasta sí mismo, asumiendo el riesgo de exponerse no sólo como víctima, sino también como cómplice de este desfalco que padecemos hoy en día. Aquellos barros acabaron cubriéndonos a (casi) todos, pero se agradece que en este escenario el naufragio se muestre con buenas dosis de humor, con recursos actorales que nos certifican que estamos ante un actor riguroso, que se mueve por las tablas a lo largo de dos horas con una facilidad que pocos pueden, y que conecta con el público desde el juego y no sólo desde el discurso.
Puede que, para algunos, este espectáculo resulte facilón (el sistema nos pone los argumentos para arremeter contra él en bandeja) o panfletario (como algunas críticas recibidas por el último disco de Nacho Vegas), pero con la que está cayendo, a mí se me hace obligatorio difundir estas verdades, que al final es lo que son. Verdades como puños, puños en alto en las calles, puños en alto en los escenarios.
El mismo día que Leopoldo María Panero nos dejaba, pudimos disfrutar de un nuevo encuentro poético en los escenarios. Fue en el bello teatro del Centre Cultural la Mercè, en Girona, lugar idóneo para disfrutar de una velada envuelta en la riqueza de las palabras. La Escola Municipal d'Humanitats presentó A pas de Fernando Pessoa, producción propia sobre textos del fundamental autor portugués y enmarcada en su ciclo A pas de poetes. La selección de poemas corrió a cargo de Xevi Planas, y sobre las tablas vimos al actor Quim Lecina acompañado de la bailarina Meritxell Cardellach.
Se agradece la entrega de un programa de mano (más bien un cuadernillo) conteniendo los poemas escuchados en el espectáculo. La sencillez formal de Pessoa encierra, en realidad, un trasfondo humanista de profundo calado, un existencialismo que marca la personalidad del hombre contemporáneo. Pienso ahora si Panero se imaginó alguna vez como posible heterónimo encarnado de Pessoa; los sueños y la poesía se entrelazan a menudo...
Sólo cabe felicitar a la EMHU por su iniciativa y animar a todos los gironins a seguir sus interesantes actividades e iniciativas.
Allá por otoño de 1.995, visité a Leopoldo María Panero en el centro psiquiátrico de Mondragón. De allí había sacado su nombre la célebre orquesta de los años ochenta, cuyo cantante y frontman había intentado tranquilizar a sus padres explicándoles que su grupo era del tipo Mocedades. Desconozco si a Leopoldo María le podía hacer gracia aquel esperpento humorístico, no se lo pregunté. Sí que me habló de su amor por la música y el teatro. Entre cocacolas y cigarrillos, uno detrás de otro, hilvanamos una conversación que ahora recuerdo con nostalgia, en el momento de su muerte.
Aquella tarde me acompañaba mi compañero Ion Barbarin, con la intención de hacer una entrevista al poeta para publicarla en un fanzine que tenía entonces entre manos: Entre el cielo y los raíles. Cuando regresábamos de camino a casa, nos dimos cuenta de que habíamos accionado mal la grabadora y nada de nuestra charla se había registrado. Así que haciendo memoria escribí todo lo que recordaba rapidamente.
Tras aquel primer encuentro hubo un segundo. Le entregué una copia del fanzine, aunque él me recibió más hermético que la primera vez y me despedí con la sensación de estar dentro de uno de sus poemas.
A continuación transcribo literalmente lo que, finalmente, se publicó en aquellas páginas de aficionados a la poesía a comienzos de 1.996.
¡VIVA EL DEMONIO!
(Encuentro con Leopoldo María Panero)
"Pero temed más bien la ausencia de todo
deseo
Pero temed más bien la ausencia de frío y de
fuego."
L.M.P.
En una soleada tarde de octubre llegamos a Arrasate (Mondragón), entorno cuya belleza natural contrasta con muchos de sus contenidos. Uno de ellos es el Hospital Psiquiátrico Santa Águeda, lugar de nuestra cita. Allí fuimos recibidos con los brazos abiertos por un sonriente Leopoldo María Panero, que enseguida nos confesó: "Esto parece muy bonito, pero es el infierno."
En su habitación, máquina de escribir omnipresente, junto a numerosos libros y algunas fotos, un cartel de Teatro Matarile. Nos sorprende dándonos una copia de su última obra dramática, que proximamente se podrá ver sobre los escenarios; su título es "Carne Vale". Hablamos sobre teatro: "Ahora estoy leyendo -El teatro y su doble- de Antonin Artaud y sí, conozco -El pesanervios-, es su mejor obra."; "... también me gustan los autores del teatro del absurdo, Ionesco ha influido en mi escritura dramática, claro."; "Sí, me gustaría ver alguna de mis obras representada con marionetas, sería divertido, daría mucho juego."
Después nos marchamos a un bar donde la charla prosiguió por otros derroteros. Frente a nosotros está un hombre inteligente, de mirada franca, desafiante unas veces, pícara otras y asomando también cierto poso de tristeza en algún momento. Leopoldo María Panero no cultiva su imagen de loco: "Resulta atractivo, me gusta ser la foto del loco ante los periodistas y medios de comunicación, pero para estar en el manicomio de las pelotas es una putada..."
Supongo que todo aquel que escribe tiene una razón para hacerlo, en el caso de Panero, "escribo poesía como una manera de defenderme, la poesía es mi arma. A veces corrijo los poemas, pero otros se quedan tal y como los escribo la primera vez, salen ya elaborados. Mi poesía no es una obra confesional. En mi obra no hay sitio para la esperanza. Mi poesía va más allá de la deseperación. La única esperanza que tengo la representa el programa de radio."
Leyendo la extensa obra del autor nos encontramos continuamente con citas literarias que despiertan nuestra curiosidad e interés: "Algunas de esas citas son falsas. Borges también usaba citas falsas en sus libros. Recuerdo una anécdota muy divertida en la cual Vicente Molina Foix me felicitó por haber incluido una cita de un autor raro que decía admirar mucho y que ciertamente...¡no existía!" (la carcajada es general, claro.) También el poeta incluye citas musicales en sus poemas y escucha música habitualmente: "Me gusta mucho Bach, porque su música es tan fría como mi poesía. Stravinsky utiliza una métrica en la que en ocasiones me he basado para escribir poemas. También alguno de mis poemas ha sido musicado, Luis Auserón compuso una canción con una de mis poesías."
En unos versos de Leopoldo, "Corrección de Yeats", el poeta reza para que al morir no se le recuerde como a un loco. El poeta irlandés se sentía naturalmente atraído por las ciencias ocultas y los fenómenos paranormales; "Sí, a mí también me atraen, como a Yeats, todos estos temas. Él pertenecía a una organización llamada -The Golden Dawn-, donde estba también Bram Stoker. Me fascina todo aquello."
De aquí la conversación deriva hacia las figuras de Dios y el Diablo: "Creo en Dios, en el dios de Espinoza, no en el de los cristianos. Dios es homosexual y el diablo existe, está con nosotros, en la sociedad. Tengo un poema titulado -Himno a Satanás-. Pero el Diablo no es el opuesto de Dios, no es el Bien y el Mal."
Hace tiempo que el poeta espera un traslado a Leganés, retrasado por jueces y burocracias, pero donde realmente quisiera ir Leopoldo es a Tánger: "Sigo soñando con ir a Tánger. No, no sabía que Paul Bowles vivera allí, pero sí, me gustaría conocerle. También me gustaría viajar a Hong-Kong, por los fumaderos de opio."
Después hablamos sobre otras artes, "me gusta mucho la pintura. Los pintores son todos unos esquizos. Su obra tiene un gran valor, la pintura es una expresión transparente, mucho más que la literatura." y también sobre política: "Los políticos son todos unos paranoicos. No me interesa la política. Antes pensaba que sólo les olían los pies a los de la derecha, pero ahora veo que también a los de izquierdas les apestan; ¡los pies de Carrillo deben ser insoportables! Sí, paso de la política." (risas)
Podría parecer que la periódica edición de libros suyos suponen un estímulo en su vida: "Hombre, sí. Pero de todas maneras hay detrás de todo eso unos intereses económicos muy claros. Sólo les interesa vender un nombre y la imagen del loco, la obra no les importa. Por ejemplo, existe en las librerías una traducción de Peter Pan firmada por mí que yo nunca he escrito. Peter Pan es un personaje que me gusta mucho, pero yo sólo redacté el prólogo para el libro, no lo traduje. Mi firma apareció por presión del editor, yo no tenía nada que ver con aquello."
La tarde va pasando. De vez en cuando Leopoldo saluda a amigos que se acercan a nuestra mesa y la conversación continúa entre temas diversos, risas y también silencios; pero como dice uno de sus versos, "¿qué gran conversador no ha tropezado alguna vez con un silencio prolongado?" Más tarde, al salir del local, pasamos por delante de una iglesia y Leopoldo nos comenta muy divertido que los curas que viven en ella le temen, ya que le creen el Anticristo. Todos nos reímos y llega el momento de la despedida. Y ese hombre capaz de estremecernos con sus versos, que extrae a la terrible fealdad su belleza, compositor de poemas rotundos y dueño de un despierto sentido del humor, levanta el brazo y se despide al grito de "¡viva el demonio!".
Este año celebramos el Día Mundial del Teatro con el mensaje del gran Darío Fo, cómico, dramaturgo, pensador, premio nobel de literatura en 1.997. A continuación difundo sus palabras (fuente: revista Artezblai).
MENSAJE DEL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO
27 de Marzo 2013
International Theatre Institute ITI
World Organization for the Performing Arts
Hace
mucho tiempo, el poder tomó una decisión intolerante contra los
comediantes al
expulsarlos
del país.Actualmente,
los actores y las compañías teatrales tienen dificultades para
encontrar escenarios públicos, teatros y espectadores, todo a causa
de la crisis. Los dirigentes, por tanto, ya no están preocupados por controlar a
aquellos que les citan con
ironía y sarcasmo, ya que no hay sitio para los actores, ni hay un
público al que dirigirse.
Por
el contrario, durante el Renacimiento, en Italia, los que gobernaban,
tuvieron que hacer
un esfuerzo importante para mantener a raya a los Comediantes, pues
reunían abundante
público. Se
sabe que el gran éxodo de actores de Commedia dell'Arte tuvo lugar
en el siglo de la Contrarreforma,
que decretó el desmantelamiento de todos los espacios teatrales, especialmente
en Roma, donde fueron acusados de ofender a la ciudad santa.
En
1697, el Papa Inocente XII, bajo la presión de insistentes
requerimientos del ala más
conservadora
de la burguesía y de los máximos exponentes del clero, ordenó la eliminación
del Teatro Tordinona que, según los moralistas, había acogido el
mayor número
de representaciones obscenas.
En
la época de la Contrarreforma, el cardenal Carlos Borromeo, que
estuvo activo en el
norte
de Italia, se consagró a la redención de los 'niños milaneses',
estableciendo una clara distinción
entre el arte, como la máxima expresión de educación espiritual, y
el teatro, la
manifestación
de lo profano y lo vanidoso. En una carta dirigida a sus
colaboradores, que
cito
de memoria, se expresa más o menos así: "Los que estamos
resueltos a erradicar las
malas
hierbas, hemos hecho lo posible por quemar textos que contienen
discursos
infames,
para extirparlos de la memoria de los hombres, y al mismo tiempo
perseguir a
todos
aquellos que divulgan esos textos impresos.
Evidentemente,
sin embargo, mientras dormíamos, el diablo maquinó con renovada
astucia.
¡Hasta qué punto es más penetrante en el alma lo que los ojos
pueden ver que lo
que
puedan leer de los libros de ese género! ¡Hasta qué punto más
devastadora para las
mentes
de los adolescentes y niños es la palabra hablada y el gesto
apropiado, que una
palabra
muerta impresa en un libro. Por tanto es urgente sacar a las gentes
de teatro de
nuestras
ciudades, como lo hacemos con las almas indeseables."
Por
tanto, la única solución a la crisis se basa en la esperanza de que
se organice una gran
caza
de brujas contra nosotros y especialmente contra la gente joven que
desea aprender
el
arte del teatro: Una nueva diáspora de Comediantes que, desde tal
imposición, sin lugar
a
dudas provocará beneficios inimaginables por el bien de una nueva
representación.
El pasado fin de semana pudimos ver en el SAT, dentro de su programación de danza, este espectáculo de la compañía Mudances/Àngels Margarit, magnífica ocasión para acercarnos a la danza contemporánea de alto nivel y hecha aquí. La trayectoria de la coreógrafa catalana y su compañía es ya larga y merece la pena que sea tratada en una próxima entrada. Hoy me centro en este montaje que, personalmente, me fue envolviendo cada vez más conforme iba avanzando su desarrollo. Dos bailarinas y un bailarín en un escenario desnudo, tan sólo arropados por una iluminación de sutil elegancia y una proyección que aparecía en ocasiones, desde distintas perspectivas e incidencia en cuerpos y espacio. En Next los protagonistas exclusivos son los intérpretes y su movimiento, cómo se relacionan entre sí a través de una música que nos transporta al interior de nosotros mismos. Una calidad del gesto más contenida al comienzo (tuve en ocasiones sensaciones parecidas a las que me provoca la danza butoh, por conmovedoras, aunque en la forma estuviéramos ante otra cosa) que posteriormente se refuerza en el apoyo, el sostén que significa un cuerpo para el otro (ójala fuera siempre esto el contact...) y que, finalmente, termina en un ejercicio de liberación que a mí me resultó hipnótico hasta el momento de los aplausos. Como fondo, la aparición discontínua de esa voz tan emocionante que es la de Chavela Vargas, que añadía más intesidad, si cabe, a la humanidad de esta pieza. Genial.
Un martes a finales del año pasado. Una sala de teatro llena. La Machi. Y yo pensando en comprarme un sombrero para poder descubrirme ante esta actriz de casta. En los días previos a mi paso por el Lliure de Gràcia se vivió en la ciudad condal (esta denominación ya sólo puede tomarse a pitorreo; "Conde, conde, ¿qué esconde?") cierta polémica en torno a la presencia de Carmen Machi en Barcelona. La artista había firmado un manifiesto acerca de la relación entre Catalunya, España y los nacionalismos de uno y otro lado, que puede recuperarse tirando de hemeroteca y sobre el que no entraré a valorar aquí y ahora... por puro aburrimiento. Nos encontrábamos en plena campaña electoral, y aunque los vientos independentistas se calmaron como era de esperar tras las elecciones, en ese momento hubo quien quiso promover un boicot a la Machi; no le nombraré por no hacerle publicidad gratis (tampoco la necesita, ja ho sé, doncs és molt conegut...) pidiendo al público barcelonés que no acudiese a ver Juicio a una zorra. Pues bien, como ya he dicho, martes y el teatro lleno; y al final de la obra toda la platea puesta en pie para aplaudir el talento y el trabajo de una gran intérprete.
Este monólogo dirigido por Miguel del Arco nos presenta a Helena de Troya saldando cuentas, defendiéndose en un hipotético juicio ante el jurado compuesto por el público del vituperio recibido a lo largo de los siglos... Una realidad que ha sido la de muchas mujeres, llevada a los escenarios mediante un texto inteligente que nos hace reflexionar sobre algo ya sabido: que la Historia la escriben los ganadores y casi siempre son hombres... Una puesta en escena sencilla, al servicio del texto y de la interpretación, donde el personaje sincera todo su justificado rencor por medio del alcohol, y conforme más se embriaga más libre se siente para decir todas esas verdades en voz alta. Los borrachos no mienten, dicen, y conforme su declaración avanza, parece claro que el veredicto de los espectadores la exime de culpa por unanimidad. No hay condena, si acaso no lo sea que esa sonrisa que nos provoca en muchos momentos, mude en punzada ante la injusticia.
El único pero que me atrevería a ponerle al montaje, es el uso abusivo de la música, subrayando momentos de manera innecesaria y ese final de revista que, a mi parecer, no guarda mucha relación con el resto de la propuesta. En fin, reitero mi respeto hacia esta intérprete, popular por sus trabajos televisivos, pero que muchos ya admirábamos desde los tiempos de La Abadía. Y el Teatre Lliure la reivindica presentándola de nuevo en sus escenarios, dentro del elenco de "Dispara/ Agafa tresor/ Repeteix", montaje que comentaré en una próxima entrada.